Olvídese por un momento del planeta. Hablemos de su negocio.
¿Su operación depende del agua? ¿De materias primas agrícolas? ¿Del turismo? ¿De un clima estable? Entonces tiene un proveedor que trabaja para usted todos los días, sin contrato y sin cobrarle.
La pregunta que vamos a responder en este blog es incómoda pero necesaria: ¿qué pasa con su rentabilidad el día que ese proveedor deje de entregar?
A lo largo de esta serie, cada persona experta nos ayudó a entender una pieza del rompecabezas desde su propia cancha. Para cerrarla, quisimos llevar la conversación al terreno donde se deciden los presupuestos. Mariana Bellot es gerente de Proyecto Global del Programa de Financiamiento de la Biodiversidad – GEF y asesora senior para América Latina y El Caribe de la Iniciativa Finanzas para la Biodiversidad (BIOFIN) del PNUD. Su trabajo, literalmente, consiste en conectar la naturaleza con las finanzas: cómo se paga, quién invierte, qué retorna. Y desde ahí construyó su diagnóstico sobre la Costa Rica del 2050.
El proveedor que no aparece en su contabilidad
Hace diez años, las empresas hablaban de clima. Hoy, los marcos internacionales de reporte hacen una pregunta distinta: ¿cuánto de su negocio depende directamente de la naturaleza?
La lógica es simple y Bellot la resume sin rodeos: “si perdemos naturaleza y bosques nos quedamos sin agua”, y eso golpea directo los procesos productivos y, por lo tanto, el valor de la empresa. Suelos que se erosionan encarecen al agro. Manglares que desaparecen se convierten en infraestructura que alguien tendrá que pagar. Ecosistemas degradados son primas de riesgo más altas.
“Si el suelo donde se produce el alimento que yo vendo se degrada, me va a costar más comprar el producto para venderlo y por lo tanto mis precios van a subir”.
Ahí está el punto ciego de muchas estructuras de costos: la naturaleza lleva décadas subsidiando la operación de miles de negocios en Costa Rica (agua, suelos fértiles, paisajes que atraen visitantes, protección contra inundaciones) y ese subsidio no aparece en ningún balance. Hasta que se acaba. Como advierte Bellot, la economía que ignora este rubro “el día de mañana va a pagar estos costos ambientales que sin duda van a llegar”. Los costos no desaparecen por no contabilizarlos. Solo se acumulan con intereses.

Lo que hoy parece gratuito, mañana puede convertirse en un costo millonario para su empresa.
Invertir en conservación es proteger los recursos que hacen posible su negocio.
La ilusión del precio más bajo
Ahora hablemos de competencia.
¿Por qué el producto que más recursos consumió, más suelo degradó y más agua contaminó suele ser el más barato del estante? Bellot responde: “porque no se está contabilizando el impacto ambiental que tuvo”. Dicho de otra forma: quien traslada sus costos a la naturaleza está recibiendo un subsidio oculto que tarde o temprano tendrá que pagar de su propio bolsillo.
La dirección del cambio, sin embargo, ya es clara: los mercados internacionales, los inversionistas y los grandes compradores exigen cada vez más transparencia sobre el impacto de lo que compran. Competir trasladando los costos ambientales al resto de la sociedad ya no es una estrategia de largo plazo; es apostar a que la cuenta nunca llegue.
Pero la cuenta llega. La regulación avanza, los consumidores cambian y los mercados elevan sus estándares. La verdadera ventaja competitiva no será producir más barato a cualquier costo, sino hacerlo sin esconder los costos reales. Los negocios que entiendan esto estarán preparados para competir en las reglas que vienen; los que no, tendrán que explicar por qué su modelo solo funcionaba mientras otros asumían el daño.
“Sí, pero eso cuesta”: las objeciones son razonables
Seamos honestos con las objeciones, porque son válidas. “Certificar tu negocio es muy caro”, reconoce la propia Bellot. Producir mejor puede encarecer el producto. Y el consumidor que llega al súper con el presupuesto apretado compra el más barato, no el más responsable.
Bellot no le pide fe ciega a nadie: “es muy difícil que una empresa solita decida hacer estos cambios” cuando durante años representan costo tras costo sin retribución del mercado. “Como seres humanos hay que reconocer que trabajamos a base de incentivos”.
Por eso Bellot apunta a la estructura antes que a la voluntad individual: el gran habilitador de esta transición es el sector financiero, público y privado. Créditos blandos, incentivos fiscales, reconocimiento económico para quien produce bien.
Costa Rica ya tiene experiencia construyendo este tipo de mecanismos, y la conversación global va exactamente en esa dirección: alinear la rentabilidad con la regeneración, para que hacer las cosas bien deje de ser un acto de voluntad y se convierta en la decisión financieramente obvia.

El 2050 competitivo y verde que queremos construir empieza con las decisiones que tomamos hoy.
Para las empresas, invertir en regeneración puede significar proteger recursos, reducir riesgos y abrir nuevas oportunidades de mercado.
La pregunta es: ¿qué estamos haciendo hoy para llegar al 2050 que queremos?
El costo de llegar tarde
¿Evidencia de que esto puede ser negocio? La producción orgánica.
Esta pasó de nicho a industria global porque dedicó años a comunicar un beneficio concreto: salud, menos contaminación… beneficios por los que millones de consumidores hoy pagan más, voluntariamente. Bellot ve venir la secuela: “la producción regenerativa creo que es la siguiente frontera”. Y en toda frontera, los primeros en llegar capturan el mejor terreno.
El riesgo también corre en sentido contrario. Bellot recuerda el caso de marcas internacionales de chocolate que perdieron clientes masivamente cuando se hizo público el costo ambiental de su cadena de suministro. En un mercado donde la reputación se construye en años y se pierde en una campaña, desconocer qué hay detrás del propio producto termina saliendo mucho más caro que averiguarlo a tiempo.
Y luego está la ventaja que Costa Rica ya tiene y que sería absurdo desaprovechar. Bellot lo dice desde su experiencia: México, su país, tiene una biodiversidad inmensa y nunca logró atraer el turismo de naturaleza que Costa Rica atrae.
La diferencia estuvo en la estrategia: Costa Rica puso su capital natural en el centro del negocio-país, y por eso “conservar naturaleza no te quita competitividad, sino que te da competitividad a nivel global”. Esa marca-país es un activo que cada empresa costarricense hereda gratis al salir al mundo. Erosionarla con decisiones de corto plazo que hipotecan el largo, sería el peor negocio de todos: matar al proveedor del que vive el cliente.
Su punto de partida: cuatro movidas con retorno
Nada de esto exige heroísmo. Exige lo que cualquier buena gerencia ya hace con sus otros activos: conocerlos, protegerlos y hacerlos rendir.
- Audite sus dependencias. Bellot propone que, junto al diagnóstico de capacidades de toda organización, “se haga también un diagnóstico de cómo (…) se relaciona mi economía y mi producto o mi negocio con el medio ambiente”: agua, energía, suelos, biodiversidad. Es la misma lógica de un análisis de riesgo de proveedores, aplicada al proveedor que no ha fallado… por el momento.
- Cuantifique sus riesgos ocultos. ¿Dónde impactaría a su flujo de caja la degradación de una cuenca, de un suelo, de un paisaje? Un riesgo identificado se gestiona. Uno invisible, se paga completo y de sorpresa.
- Identifique dónde regenerar tiene retorno. La pregunta que plantea Bellot es dónde, a través del desarrollo del propio negocio, se puede invertir en regeneración que retribuya económicamente: suelos que rinden más, agua más barata de tratar, diferenciación frente a compradores que ya la exigen, acceso a mercados y financiamiento preferente.
- No lo financie solo. Explore instrumentos financieros, programas públicos y alianzas. La transición está diseñada para hacerse acompañado; asumirla en solitario es dejar dinero sobre la mesa.
2050: el horizonte de inversión más importante del país
Quedan menos de 25 años para el 2050. En el horizonte empresarial, 25 años equivalen al plazo de una hipoteca, a la vida útil de una planta, a la carrera completa de quien hoy entra a trabajar a su empresa.
Cuando le preguntamos a Bellot cómo imagina a Costa Rica dentro de 25 años, respondió: “Me imagino esa Costa Rica verde por siempre, realmente verde, donde trajeron la naturaleza de vuelta de la mano con la gente.” En ese futuro, los negocios, sin importar su tamaño, ocupan un lugar central. No porque deban cargar solos con la responsabilidad del cambio, sino porque forman parte de la solución y porque también tienen mucho que ganar si ese cambio ocurre.
Porque ese país (el que regeneró sus suelos, aseguró su agua y consolidó su marca ante el mundo), sería, además de la versión más verde de Costa Rica, la versión más rentable.
Al final, la decisión sobre la naturaleza es la misma que usted toma todos los días con cualquier activo estratégico: puede exprimirlo hasta agotarlo, o puede mantenerlo, mejorarlo y cobrar sus rendimientos por décadas. La primera opción da ganancias hoy y facturas mañana. La segunda se llama visión de negocio.
La hoja de ruta ya existe. El 2050 ya está en camino. Y como en toda buena inversión, el mejor momento para entrar fue hace años. El segundo mejor momento es hoy.
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