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El valor económico de la naturaleza: por qué regenerar sí genera negocio.
18 agosto 2026 - sanjose

Si su empresa depende del agua, del turismo, del territorio, de materias primas agrícolas o incluso de la estabilidad del clima, la biodiversidad no es un tema ajeno: es parte de la base sobre la que opera su negocio. La regeneración dejó de ser un asunto exclusivo del sector ambiental.

Hoy también influye en competitividad, resiliencia, reputación y sostenibilidad financiera. Y mientras algunos negocios todavía la ven como un gasto adicional, otros ya comenzaron a entenderla como una ventaja estratégica.

 

La biodiversidad y los ecosistemas del país constituyen una ventaja competitiva clave para Costa Rica: su capital natural.

Bosques, agua, biodiversidad y paisaje sostienen buena parte de la economía del país. Turismo, agricultura, producción de alimentos e incluso el abastecimiento de agua dependen directamente de ecosistemas saludables.

Y mientras el mundo habla cada vez más de sostenibilidad, en Costa Rica la conversación empieza a moverse hacia otro punto: cómo convertir la conservación y la regeneración en una estrategia real de desarrollo, resiliencia y competitividad.

Para entender mejor esa transición, conversamos con Jairo Sancho, coordinador del Programa Nacional de Corredores Biológicos de la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), dependencia del Ministerio de Ambiente y Energía.

Desde su experiencia, la naturaleza dejó de verse únicamente como algo que debía protegerse. Hoy también se entiende como parte de la infraestructura que mueve territorios, comunidades y actividades económicas.

 

 

Cuando conservar empezó a generar oportunidades

Durante años, las áreas protegidas fueron vistas principalmente como espacios para conservar la biodiversidad. Pero con el tiempo, algo comenzó a pasar alrededor de ellas.

Comunidades cercanas empezaron a desarrollar hospedajes, tours, restaurantes y pequeños emprendimientos vinculados al turismo y al atractivo natural del territorio. Poco a poco, esos espacios dejaron de funcionar como “islas de conservación” y comenzaron a convertirse en núcleos que activan economías locales. Como resume Sancho:

“ya no era solo proteger, era proteger, pero también hacer educación ambiental y también promover actividad económica”.

Ese cambio también transformó la manera en que muchas personas utilizan sus propiedades. Fincas que antes se dedicaban únicamente a la producción comenzaron a combinar conservación, turismo y otras actividades complementarias.

Y el tema dejó de girar solo alrededor del turismo.

Con el tiempo, también comenzó a hacerse más evidente la estrecha relación entre la naturaleza y la economía.

Por ejemplo:

  •     el agua que abastece hogares y empresas,
  •     la regulación del clima,
  •     la conservación del suelo,
  •     la polinización de cultivos,
  •     o la protección natural frente a inundaciones y erosión.

Ahí es donde aparece el concepto de capital natural.

“Son activos… no invisibles porque están ahí. Lo que pasa es que no los monetizamos”, explica Sancho.

El ejemplo del agua es probablemente el más cotidiano. Detrás de cada vaso de agua hay bosques, cuencas y ecosistemas completos funcionando. Lo mismo ocurre con gran parte de la producción agrícola, que depende directamente de polinizadores y condiciones ambientales saludables.

Y cuando esos ecosistemas desaparecen, también aparecen nuevos costos.

Sancho lo explica con un ejemplo sencillo: si un manglar deja de existir, eventualmente habría que invertir en infraestructura para reemplazar la protección natural que antes ofrecía frente a inundaciones y crecientes.

La naturaleza no es un “extra” del sistema económico. Es parte de lo que lo hace posible.

 

 

Las empresas que entiendan esto primero tendrán ventaja

La forma en que muchas empresas se relacionan con el ambiente también está cambiando.

Durante años, gran parte de las acciones ambientales se enfocaban en reducir impactos o cumplir regulaciones. Ahora empieza a tomar fuerza otra lógica: cómo mejorar activamente el territorio donde se opera. Sancho resume esa transición así:

“pasamos de un modelo donde era ‘tratemos de evitar el daño que estamos haciendo’ a ‘podemos dar un paso más y podemos contribuir a mejorar’”.

Ese enfoque es parte de la idea de Naturaleza Positiva, que propone dejar los ecosistemas mejor de como se encontraron.

En la práctica, eso ya se está viendo en distintos sectores:

  •     empresas que conectan parches de bosque dentro de sus propiedades,
  •     proyectos turísticos que invierten en restauración,
  •     iniciativas de educación ambiental,
  •     o modelos productivos que integran biodiversidad dentro de su operación.

Y muchas veces, el impacto termina extendiéndose más allá de la propia empresa.

La regeneración también empieza a verse como una forma de fortalecer resiliencia, reputación y competitividad.

En un contexto marcado por crisis climática, presión sobre recursos naturales y personas consumidoras más conscientes, depender de ecosistemas degradados representa un riesgo creciente para cualquier actividad económica.

Por eso Costa Rica lleva años construyendo mecanismos que buscan reconocer económicamente la conservación y la restauración. El caso más conocido es el Pago por Servicios Ambientales (PSA), que luego se amplió hacia agricultura, restauración y esquemas como PSA Plus.

La lógica detrás de estos modelos es sencilla: si una actividad genera beneficios ambientales y sociales, debería existir alguna forma de reconocer ese aporte.

Además, el posicionamiento internacional de Costa Rica alrededor de sostenibilidad también genera ventajas para empresas que integran estos principios dentro de su modelo de negocio.

Cada vez más personas consumidoras, inversionistas y mercados quieren saber qué hay detrás de una marca, cómo produce y cuál es su impacto sobre el entorno. Y ahí es donde la regeneración empieza a dejar de ser una conversación reputacional para convertirse en una decisión estratégica.

 

 

El reto ahora es convertir la regeneración en parte del modelo económico

Aunque en materia ambiental se ha avanzado muchísimo, todavía existen barreras importantes.

Una de las principales es que muchas veces el mercado sigue priorizando únicamente el precio final del producto, sin considerar todo lo que existe detrás de los procesos de producción.

“Generalmente lo que vemos es la fachada del producto. No siempre podemos ver lo que está detrás”, señala Sancho.

Eso hace que muchos esfuerzos regenerativos sigan siendo poco visibles para personas consumidoras y empresas. Según explica, en mercados internacionales existe una mayor disposición a reconocer económicamente esos procesos. A nivel local, todavía hay camino por recorrer.

También persisten otros desafíos:

  •     barreras regulatorias,
  •     poca promoción,
  •     diferencias entre el lenguaje del sector público y privado,
  •     y limitaciones para generar más espacios de articulación.

Aun así, Costa Rica ya construyó una base importante. El país logró revertir procesos de deforestación y posicionarse internacionalmente alrededor de conservación y biodiversidad.

El reto ahora es escalar ese modelo y llevarlo a más sectores, territorios y decisiones de consumo. La regeneración no se resuelve únicamente sembrando árboles o compensando impactos.

Es necesario entender que la salud de los ecosistemas y la sostenibilidad de los negocios están mucho más conectadas de lo que normalmente creemos.

Y quizás una de las ideas más potentes de todo esto aparece al final: no hay contribución pequeña.

Acciones que parecen simples como restaurar un espacio, reducir residuos, apoyar educación ambiental o conectar corredores biológicos, terminan acumulándose y transformando territorios completos.

Porque, como resume Sancho: 

“estamos invirtiendo a futuro”.

 

 

Visualización generada con Google NotebookLM a partir del contenido del blog anterior.

 

 

 

 

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