Si una empresa produce alimentos, depende del agua, del suelo, de la biodiversidad o de un clima relativamente estable; la naturaleza ya forma parte de su negocio.
¿Qué hacemos con esa relación?
Podemos limitar el impacto de nuestras actividades. También podemos ir un paso más allá y contribuir a que los sistemas naturales de los que dependemos estén en mejores condiciones.
Eso es lo que hemos explorado a lo largo de esta serie sobre Naturaleza Positiva: conservación, restauración, regeneración, nuevos modelos de negocio, alianzas y el papel del financiamiento para hacer posibles estas transformaciones.
Para cerrar, quisimos llevar esta conversación a un caso concreto: Pulpas Juliana, una empresa familiar dedicada a la producción de alimentos en Siquirres, cuya actividad depende directamente de las condiciones de la naturaleza.
Conversamos con su dueña, Ana Rocío Sánchez, para conocer cómo esa relación se refleja en las decisiones y desafíos de su negocio.
Su experiencia ayuda a entender algo que a veces cuesta ver desde las oficinas, los indicadores o los estados financieros:
la salud de los ecosistemas también se refleja en los números de un negocio.
Cuando la naturaleza entra en los números
En Pulpas Juliana, la materia prima son las frutas. Por eso, el clima influye directamente en la operación.
En Siquirres, las lluvias pueden cambiar el sabor y el rendimiento de algunas frutas. La guanábana, por ejemplo, madura y cae más rápido cuando hay mayor cantidad de agua en el suelo, lo que obliga a ajustar los tiempos de cosecha y procesamiento.
A raíz de los efectos del Cambio Climático, han cambiado las formas de manejar las fincas. Antes bastaban pequeños canales para conducir el agua; hoy se requieren “ZANJOTES” para canalizarla cuando las lluvias son demasiado fuertes.

Cuidar la naturaleza también es cuidar el negocio
Si una empresa depende de frutas para su producción, necesita suelos, agua, biodiversidad, polinizadores y sistemas agrícolas capaces de sostener la producción en el tiempo.
Ana Rocío Sánchez lo resume así:
“Mi ideal es que pudiéramos, de verdad, trabajar alimentos, pero desde un enfoque donde la tierra sea el actor principal, pero una tierra sana, y sana realmente.”
Durante esta serie hemos hablado de reducir impactos, conservar recursos y hacer más eficientes los procesos. Todo eso sigue siendo necesario. Pero Naturaleza Positiva agrega una pregunta:
En otras palabras, la conservación y la regeneración no son solamente acciones ambientales. También son estrategias de gestión del riesgo y de resiliencia empresarial. Sin agua, suelo fértil o polinizadores, muchas actividades productivas simplemente no pueden mantenerse a largo plazo.
¿Qué aspectos mejoran gracias a nuestra actividad?
Puede ser un suelo que recupera su salud, una cuenca que conserva su capacidad de proveer agua, un territorio donde vuelve la biodiversidad, los polinizadores o una finca que fortalece su capacidad de producir en el futuro.

No hace falta tenerlo todo resuelto
La experiencia de Pulpas Juliana también muestra que la transformación no ocurre de una sola vez.
“No necesitan cumplir con todo de una vez. Lo importante es comenzar.”
Una práctica puede llevar a otra. Una certificación puede abrir el camino para la siguiente.
Una conversación puede conectar a una empresa con capacitación, instituciones o nuevas oportunidades de financiamiento.
“Porque dándonos la mano es más fácil.”
Las empresas no siempre necesitan únicamente capital. También requieren acompañamiento, información, conexiones y productos financieros que reconozcan los tiempos de transformación.
El capital también decide qué futuro crece
Quien financia una actividad tiene la capacidad de influir en cómo esa actividad evoluciona.
Eso abre posibilidades concretas:

Pulpas Juliana cuenta con tres años de reconocimiento en el Programa Bandera Azul Ecológica y continúa avanzando hacia nuevas certificaciones. La meta siguiente puede ser difícil, pero el proceso continúa, como nos comenta Ana Rocío:
“Por mientras voy haciendo los pasitos que puedo hacer.”
La transformación del sistema financiero también puede construirse así: paso a paso, pero con una dirección clara.
Volver a conectar las partes
La naturaleza no está en una conversación separada de la economía.
Está detrás de los alimentos que consumimos, del agua que utilizan las empresas y de muchas de las materias primas que sostienen las cadenas productivas.
- Cuando un ecosistema se deteriora, la consecuencia eventualmente llega a la economía.
- Cuando un ecosistema se recupera, también pueden aparecer nuevas posibilidades.
Por eso, el enfoque de Naturaleza Positiva no debería quedarse como una expresión ambiental.
También puede ser una forma de pensar el riesgo, la inversión, la innovación y el crecimiento.
Y quizá la mejor forma de cerrar esta conversación sea volver a una frase de la entrevista.
Cuando le preguntamos a Ana Rocío qué pediría como deseo, su respuesta fue:
“Mi sueño es que el tener una empresa de alimentos y el cuidar la naturaleza no fueran enemigos.”
Ahí está la idea que resume todo este recorrido:
¿Qué estamos ayudando a crecer?
Nuestro enfoque no debería limitarse a qué financiamos, qué producimos o qué consumimos.
También importa qué condiciones ayudamos a construir para que los negocios, las personas y los territorios puedan seguir prosperando, en armonía con la naturaleza.
Si el capital tiene el poder de hacer crecer negocios, territorios y soluciones, también puede ayudar a inclinar la balanza hacia un futuro donde la naturaleza tenga mejores condiciones para sostenerlos.
Ese es el paso que propone el enfoque de Naturaleza Positiva: no solo preguntarnos cuánto crecen nuestras empresas, sino también qué tan capaces serán los ecosistemas de seguir sosteniéndolas en los años por venir.
Porque el verdadero éxito no consiste únicamente en cosechar resultados hoy, sino en asegurar que existan las condiciones para seguir dando frutos mañana.
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